miércoles, 24 de febrero de 2010

Contaba en su apartamento el dinero del último negocio. Fue un final sangriento, pero triunfal. Estaba feliz, las ganancias habían sido exorbitantes. De pronto sintió un ligero escalofrío y miró inquieto a la derecha: allí, a su lado, estaba el quejumbroso fantasma del hombre que debió matar para hacerse con el dinero. Ja ja ja ja… Una risa loca, enajenada y ambiciosa. Sintió lástima por la impotencia del fantasma y cerró los ojos para ignorar su presencia.

Un viajero que se aproximaba a una gran ciudad le preguntó a una mujer que se encontraba a un lado del camino:

¿Cómo es la gente de esta ciudad?

¿Cómo era la gente del lugar de donde vienes? - Le inquirió ella a su vez.

Terrible - Respondió el viajero. – Mezquina. No se puede confiar en ella. Detestable en todo los sentidos.

- ¡Ah!- , Exclamó la mujer. – Encontrarás lo mismo en la ciudad a donde te diriges -.

Apenas había partido el primer viajero cuando otro se detuvo y también preguntó acerca de la gente que habitaba en la ciudad cercana. De nuevo la mujer le preguntó al viajero por la gente de la ciudad de donde provenía.

-Era gente maravillosa; honesta, trabajadora y extremadamente generosa. Lamento haber tenido que partir”- Declaró el segundo viajero.

La sabia mujer le respondió: - Lo mismo hallarás en la Ciudad adonde te diriges.

En ocasiones no vemos las cosas como son, las vemos como somos…

Había una vez tres pulgas. A ellas les gustaba mirar mucho la luna. Ellas vivian en mi gato blanco con gris llamado Mr Yimbo.
Un día el gato se acostó y les tapó la luna y ellas se pusieron muy tristes. Las pulgas crearon un plan para llegar a la cabeza.
Pero había un gran problema en el camino también vivian garrapatas y ese no era el mayor problema!!!. Un perro llamado Pin lamía al gato y en alguna de esas lamidas las pulgas podian caer o peor aún, el perro las podía tragar.
Las pulgas se decidieron a actuar.Montadas sobre una hormiga avanzaron hasta la cabeza esquivando las lamidas del perro. Por fin llegaron con un poco de miedo por el perro, se sentaron en la oreja del gato a mirar la luna. Le dijeron gracias a lo hormiga y siguieron admirando la luna.

martes, 23 de febrero de 2010